EXCURSION POR LA COSTA
Afortunadamente aun quedan paraísos en la isla de Tenerife. Playa Blanca es uno de esos lugares poco frecuentado por los tinerfeños que reúne esa condición. El madrugón que nos dimos algunos socios el pasado domingo valió la pena. Superó las expectativas de todos los que fueron de caminata. Si el paisaje fue idílico e inimaginable por esos lares, el baño en las turquesas aguas lo fue mucho mejor. La transparencia de las mismas, dejando ver los peces a través de ellas, nos transportó mentalmente a la mejor de las playas del Caribe.
Después del baño, el deseado bocadillo en la playa, que sabe a gloria. Al regreso nos esperaba nuestra querida Jovita en un restaurante-marisquería de La Caleta, a pie de playa, donde terminamos la jornada entre samas, bocinegros, abadejos... y un placentero vino blanco de la zona.
Afortunadamente aun quedan paraísos en la isla de Tenerife. Playa Blanca es uno de esos lugares poco frecuentado por los tinerfeños que reúne esa condición. El madrugón que nos dimos algunos socios el pasado domingo valió la pena. Superó las expectativas de todos los que fueron de caminata. Si el paisaje fue idílico e inimaginable por esos lares, el baño en las turquesas aguas lo fue mucho mejor. La transparencia de las mismas, dejando ver los peces a través de ellas, nos transportó mentalmente a la mejor de las playas del Caribe.
Después del baño, el deseado bocadillo en la playa, que sabe a gloria. Al regreso nos esperaba nuestra querida Jovita en un restaurante-marisquería de La Caleta, a pie de playa, donde terminamos la jornada entre samas, bocinegros, abadejos... y un placentero vino blanco de la zona.